Por: Magíster Armando
Luis Rivero Manjarrez
Sus manos gruesas campesinas besan el fondo del tambor, sus
dedos ágiles acarician el borde y el centro, el cuero del venado aforrao sobre
el vaso de banco, no se resiste ante el coqueteo del tamborero fabricante y
grita galopante las melodías del ancestro, sonidos viscerales de las entrañas
de la tierra, sus tropicones imitan el sonido de los pájaros, del viento, del
arroyo, de su corazón, de la naturaleza misma.

A sus 19 años, junto con Ismael y Carmelo Causado andaban de
parranda en parranda con la música de acordeón y él era dueño de la caja,
aunque por la influencia de Pacho Llirene ya había aprendido a fabricar los
tambores pues, era amigo de la familia y en una de esas visitas también lo
predestinó a ser tamborero, aunque él, aún no había encontrado el camino que le
correspondía.
Como nadie escapa a su destino, al igual que Pacho Llirene,
Francisco Ortiz con su tambor acompañó a las viejas cantadoras y con los inicios del Festival Nacional de
gaitas integró Los Cumbiamberos campesinos, conjunto que se presentó en el
primer Festival en 1985, con la gran
nómina de Atilano Barrios en la gaita hembra, Julio Barrios en la gaita
macho, el llamador de Enrique Ortiz y en el tambor de Francisco Ortiz, luego
con el transcurrir de los años su tambor integró Los Caciques de la gaita, Tambores
del caribe de Julio Martínez, “el lobo” y por más de ocho años con Flor sabanera del
Piñal del maestro Félix Contreras con quién recorrió festivales, parrandas y
velaciones.
A este hombre humilde campesino, que no busca más que el golpe
de su tambor, en diálogo con la gaita hembra exprese el amor, la alegría y la libertad de su corazón, la organización
Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene” le rinde un merecido homenaje en
su trigésima cuarta edición de 2018.
Salud y vida al juglar, al maestro…